Frida Kahlo
En su nueva reencarnación, Frida Kahlo, sigue siendo una mujer fuerte, decidida, comprometida, sociable y divertida. Ha acentuado su lado queer y ya no sufre, ni por amor, ni por nada. Su mono Fulang-Chang se ha mudado con ella a la casa barco que comparte con su amante, Ching Shih. Chang y Ching no se llevan muy bien. Lo más seguro es que alguno de los dos acabe arrojado por la borda.
Frida flipa cuando ve en lo que han convertido su imagen: un icono pop. Sigue creando sin parar. Ahora hace arte NFT, que vende como churros. Nunca ha tenido tanta pasta, y aunque Ching está empeñada en enterrarla en islas offshore, ella la destina toda a la causa. La resistencia es ahora su razón de ser. Los gatos son como los fascistas de su época y hay que acabar con ellos, cueste lo que cueste.
A pesar de su alegría contagiosa y su espíritu de superación, en cada capítulo, la pobre Frida, que es un poco gafe, sufre un fatídico accidente: es atropellada por un Bizum instantáneo, aplastada por un banner publicitario, linchada en Twitter o encriptada en una cuenta Paypal, pero siempre vuelve a la vida y a sonreír.
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